Para siempre

12 de febrero de 2025

Y llegó ese día, ese dichoso día. Te quedaste mirando el jardín y te imaginé rompiendo a correr, creando viento, sin intención de parar ni de rendirte a la dejadez del cansancio del que no está cansado y siendo otra vez una flecha sin destino.

La primera vez que llegaste eras más pequeña que mi mano. Tu energía era inagotable, inacabable, inextinguible. Eras más rápida que el tiempo, como un rayo de luz infinito atravesando cada habitación, corriendo, trepando, jugando y desafiándolo sin el menor miramiento.
Siendo tan pequeña, conseguías alborotar todo lo que era tan grande y monótono.

Dormías poco, parecía que no querías perderte nada de la vida. Me tropezaba con tu traviesa mirada en cada esquina, con esos enormes ojos abiertos como quien descubre algo sorprendente por primera vez.
Y hacías cabrear a los perros. Y a otros gatos también. Eso te encantaba.

Tu inagotable energía y tu traviesa mirada arroparon buenos y malos momentos a lo largo de esa década. Década que esperaba que fuera más larga o al menos, no tan corta. Pero no. Ahí estabas, contemplando la libertad. Inmóvil. Jardín, libertad y tú, siendo uno. Para siempre.

– Asier

La gasolinera

15 de agosto de 2024

¿Y lo que jode darle la razón a tu escepticismo? A esa barrera antihostias que te protege de toda posibilidad de sentir. Jode tener razón cuando no quieres tenerla.

Y es que ya no sientes ni esperas ya nada, ni decepciones, ni sorpresas. Ansías eso si, la tristeza ensordecedora fruto de tus ilusiones despedazándose contra el suelo. Pero no llega. No hay ni suelo ni ilusiones que romper. Hay una finísima capa de agua en calma que se mantiene inmutable por mucho que se pise.

Eres una gasolinera abandonada a uno de los lados de la carretera. De esas que no tienen ni pintadas y si las tienen, se han dibujado rápido y sin ganas. Casi ni se podría decir que sean pintadas; son mera suciedad precoz que alguien ha dejado a desgana contra algunas de sus aburridas paredes. Esa suciedad se queda y otros recuerdos se borran.

Alguien escribió alguna vez que el secreto de la felicidad es mantener bajas las expectativas. Siempre que escucho esa frase pienso en esa gasolinera. En sus pintadas. En la suciedad. En la maleza tapando cicatrices. En toda la estructura decrépita que ya no espera nada más que el paso del tiempo.

– Asier

Más líneas en este texto

14 de noviembre de 2012

Es el aroma del café, cuando éste está caliente.

Es lo contrario a una experiencia forzada, una de tantas que decidiste vivir porque se supone que debías hacerlo.

Es el rostro de la chica que amas rozando tu espalda para que vuelvas con ella a su cama, cama que abandonaste para atender cosas urgentes del trabajo.

Es la perfecta herramienta hecha a mano, que sirve para crear de la misma forma que ha sido creada.

Es la feminidad, esa que has conocido, que dista mucho de cuerpos perfectos, caras bonitas o voces de increíble dulzura y más tiene que ver con cómo usar todas esas cosas.

Son las cervezas, el café y el tiempo con amigos. Ese tiempo que es oxígeno para tu cordura, para tu alma y para tu humanidad.

Son esas noches en las que mirabas a la luna con tus ojos de chaval de quince años, deseabas encontrarte con ella y ella no deseaba encontrarse contigo.

Es la resistencia, esa resistencia que no creías tener y que has sufrido tener.

Es la mirada de alguien al que has ayudado, no por que te sintieses bien al hacerlo, sino porque no podías vivir sin hacerlo.

Es el tiempo perdido, ese tiempo que volverías a perder, sumado a otros tantos minutos que has aprovechado tanto.

Es el sabor del ron, olvidado durante años en barricas que antes sirvieron para almacenar whisky.

Son las cartas que te enviaron o que te dieron en mano. Palabras escritas a boli o pluma sobre papel de cuadrícula o normal, que son capaces de hacerte recordar cómo de estúpido y mejor eras entonces.

Es la aguja cayendo en el surco segundos antes de que la canción empiece a sonar, mezclando el silencio con pequeños y agradables chasquidos producidos por partículas de polvo que se encuentran a su paso.

Es la terrible soledad a la que fuiste fiel y con la que creciste, hacia abajo.

Es el sexo bien hecho, desde la seducción hasta la pasión expresada con la suciedad que emana del placer.

Es lo efímero pero intenso, que casi nunca es algo malo o carente de valor.

Es la conexión con otros seres vivos, que se traduce en comprensión sin necesidad de emitir sonido alguno o tener que decir una sola palabra.

Son las oportunidades que perdiste, y que volverías a perder.

Es la lección que has aprendido al saber cómo transformar la necesidad de tener cosas, en necesidad de vivir experiencias.

Es el reconocer lo auténtico y experimentarlo.

Es lo que enseñas y ves que cobra vida a través de personas que no son tú.

Es la inocencia, tristemente perdida y desperdiciada, que cuando aparece de nuevo a algunos les parece ridícula y a ti te enamora.

Son los ojos de color del ron de tu chica, esa que amaste tanto.

Son pensamientos que jamás arrojarías al agua y a los que no darías de comer después de media noche.

Es la cerveza fría en el balcón de tu casa a las 3:00am después de una noche de trabajo.

Es el bolígrafo bic amarillo escribiendo en un moleskine negro, ambos compañeros de viajes, reuniones y sufridores de pensamientos.

Son más líneas en este texto.

– Asier